¿Cómo el aprendizaje puede ir cambiando las raíces de un hombre? ¿De qué naturaleza debe ser este aprendizaje para poder enderezar la vida de un individuo?

En la tierna mente infantil, las semillas que son implantadas, efectúan un proceso de maduración que va desarrollándose a lo largo de la vida y cuyos frutos vienen a ser las distintas facetas que la personalidad manifiesta en un hombre adulto, de aquí la importancia de que la educación infantil sea adecuadamente atendida por los padres.

El niño aprende “verdades”.

Explicaremos cómo es que este proceso se va dando y cuál debería ser el tipo de enseñanza que se impartiera a los niños, durante estos primeros años de su vida. En primer término entendamos que los procesos mentales a través de los cuales el hombre va creando su propia realidad interior, o bien, su propia visión del mundo, se da en función de las verdades que va aceptando a medida que aprende a vivir.

Esas primeras verdades, esos primeros conceptos recibidos muy probablemente de boca de sus padres son el fundamento sobre los cuales irá acumulándose el resto. Hemos visto que la mente actúa y responde a los impulsos externos a través de asociaciones mentales, en donde confronta los impulsos que recibe con los conceptos ya acumulados previamente.

Estas nuevas experiencias son incorporadas al bagaje mental, de manera similar al proceso que siguen las cortezas de los árboles con el paso de los años, capas y más capas van sumándose a las ya existentes; así pues, una verdad aprendida en los primeros años de la infancia, crecerá a medida que el ser va acumulando experiencias y las va asociando a las ya recibidas.

Cuando alguna de sus verdades no puede ser sostenida dado que las experiencias que ha recibido de la vida contradicen a lo ya aceptado, podríamos pensar que es un proceso similar al de un árbol que habiendo crecido torcido cae vencido por el peso de sus propias ramas.

Así pues, verdades que caen y verdades que sobreviven van formando la experiencia y la personalidad de un individuo conforme avanza por la vida.

De la misma manera como la caída de una rama duele al árbol y afecta su desenvolvimiento, de la misma forma, las desilusiones y las discrepancias que una persona va recibiendo con las experiencias de la vida, van causando transformaciones interiores.

Un niño al que nunca se le ha dado amor, no sabrá cómo responder a  este impulso, cuando la vida le presente más adelante un estímulo de esta naturaleza; por otra parte, un niño que haya recibido únicamente amor no sabrá cómo responder ante una agresión cuando ésta tenga lugar.

Así pues, poco a poco, adquiriendo experiencias de un tipo o del otro, los seres humanos van conformando su particular visión del mundo, su particular interpretación de los hechos y su particular conducta en medio de la sociedad.

La educación familiar y la incongruencia de la mentira.

Se debe tener en cuenta la trascendental importancia que la educación familiar tiene a lo largo de la vida de una persona, los consejos, las actitudes, los frenos que impongan a un niño en desarrollo serán básicos para hacerle una vida más sencilla, o bien, complicarla demasiado.

¿Cómo debiera ser la educación de los niños, para evitar efectos dolorosos ante experiencias nunca antes enfrentadas?

Los padres deben entender que su hijo está pasando por un proceso de asimilación acelerada, dada la escasez de experiencias que tiene, dada la carencia de conceptos, la impreparación de su mente para entender las cosas que le explican, los padres harían mucho bien, si con el ejemplo, manifiestan los consejos que les dan a sus hijos, la congruencia entre lo que se dice y se hace es fundamental para evitar confusiones en las tiernas mentes de los niños.

La mentira.

Si existe un momento de confusión en un infante, es cuando comprende la naturaleza de la mentira recibida, generalmente, de los padres; para un niño, cualquier cosa que se le diga, la creerá profundamente, en virtud de que quien se lo dice es alguien digno de confianza, más cuando descubre que ha sido una mentira, la imagen que él tenía del mundo, la imagen que tenía de esa persona, la idea que él había formado acerca de la realidad exterior, se ve estremecida y profundamente cuestionada, le crea una  inseguridad total, dado que no únicamente cuestiona a la persona, sino todo lo que ha aprendido, entra en un momento de confusión, en donde las reglas que él pensaba haber asimilado son ahora totalmente desconocidas o bien indignas de confianza.

Cuando el niño descubre que le mintieron, pierde la confianza en el mundo exterior. Un sentimiento de inseguridad crece dentro de él por el panorama incongruente que los adultos le presentan.

Hablar con mentiras a los niños es prolongar la etapa de adaptación al mundo de los adultos, es mantenerlo en un estado de inseguridad tal, que muy probablemente, afectará su adolescencia o madurez.

La ayuda de los adultos.

Por otra parte, el auxilio que el niño recibe de parte de sus mayores es igualmente importante, porque eso sentará las bases para que en su edad adulta él pueda trabajar cooperativamente con otros seres humanos, ayudar a un niño a resolver sus problemas es sembrar la semilla de un trabajo colectivo, es sembrarle la semilla de la convivencia armónica, es enseñarlo a vivir en sociedad; dejar que el niño arregle sus propios problemas, es equivalente a crear a un individuo aislado, incapaz de cooperar con alguien; si bien es cierto que se desarrolla la capacidad de lucha y de autosuperación, también lo es, que muchas veces esta actitud la tendrá aún a costa del bienestar ajeno. Por esta razón mantener un equilibrio entre la ayuda que se le proporciona y la guía que se le da para que él mismo resuelva sus problemas, es algo que debe ser cuidadosamente atendido por los padres.

El niño debe aprender a luchar para conseguir lo que busca, pero debe igualmente aprender a convivir aceptando la ayuda de los demás y dándola cuando la soliciten. Algo que debiera ser desechado de la mente de todos los niños es el temor a sus padres, un niño jamas debería sentir temor por sus padres, aún cuando sienta que ha cometido una falta, el temor se gesta cuando los padres castigan a los menores liberando en ellos su coraje o su impotencia por no haber evitado la falta, el niño, entonces, entiende el mensaje de odio, en lugar de un mensaje de corrección y de persuasión para evitar futuras faltas.

Los castigos.

El coraje liberado por el adulto al momento de corregir una falta en el niño, produce que este mienta para evitar el castigo, y el desprecio hacia él.


Los castigos debieran ser proporcionados de una manera tal, que el niño nunca perciba odio de parte de sus mayores. El temor a ser castigado, es una de las semillas más perniciosas que pueda ser sembrada en la mente de los hombres, la razón de esto estriba en que esa semilla germinará en la mentira, el individuo mentirá para evitar el castigo y no tanto porque el castigo sea doloroso, sino porque le inspira temor; el odio de los demás hacia él, es algo a lo que le teme.

Observemos entonces la infinidad de circunstancias en la vida de una persona nor­mal, en la que se ve forzada a decir mentiras para tapar pequeñas faltas y evitar un castigo que aún cuando es de naturaleza muy distinta al que él recibiera en su infancia, sigue mar­cando la pauta de su conducta por el temor al rechazo.

Entendamos, entonces, los procesos de germinación y de frutos que dan las enseñanzas que los padres proporcionaron a sus hijos en esos primeros días de la infan­cia. ¿De qué es capaz  una persona, con tal de evitar descubrir una falta?, es capaz de la violencia, es capaz de la mentira, es capaz de una serie de cosas que inevitablemente ll­evan hacia un conflicto primero interior, y después exterior con  las personas que lo rodean.

Esta es una de las primeras raíces de la guerra: el maltrato y el castigo infantil, como factores que engendran temor y que posteriormente se traducen en agresividad en la edad adulta.

Fuente: Oro*Mu

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Etiquetas: educación, enseñanza, infantil, niñez

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